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Música Clásica y ópera de Classissima

George Gershwin

miércoles 24 de mayo de 2017


Ya nos queda un día menos

23 de abril

Málaga acierta con Hernández Silva

Ya nos queda un día menosHe escuchado muchas veces a la Orquesta Filarmónica de Málaga en el Villamarta, la mayoría de ellas en su foso de ópera, pero nunca había sonado tan bien (¡qué cuerda tan empastada!) como lo hizo la noche de ayer sábado 23, con Lalo, Gershwin y Márquez en los atriles, bajo la dirección de Manuel Hernández Silva (web oficial). Mucho mejor, sin ir más lejos, que el pasado febrero en el Teatro Cervantes con Díez Boscovich en el homenaje a John Williams. No cabe la menor duda de que los malagueños han acertado prorrogando su titularidad hasta 2020, porque el maestro de Caracas posee una técnica muy sólida que saca excelente partido de una formación ciertamente desigual, a veces problemática, que necesita una batuta con riendas firmes, gran seguridad, ideas muy claras y –no menos decisivo– buen talante para que los músicos que la integran estén a la altura de las circunstancias. Al margen de las cuestiones puramente técnicas, fue un buen concierto en lo interpretativo. Bueno sin más. Tampoco es que se pueda hacer mucho con la Sinfonía española de Lalo, pintoresquismo más bien banal que necesita una interpretación de primera fila para ocultar la mediocridad de algunos de sus temas. A mi entender, Hernández Silva y el violinista Svetlin Roussev alcanzaron ese nivel en un Intermezzo maravillosamente paladeado, sensual y emotivo a más no poder, con un ritmo de habanera capturado a la perfección. El resto fue más que solvente: el solista hizo gala de virtuosismo sobrado y buen gusto, mientras que la batuta convención, paradójicamente, por no resultar muy francesa, es decir, por no empeñarse en resultar indolente y difuminado, ofreciendo por el contrario una muy apetecible dosis de músculo, de empuje y de densidad tanto sonora como expresiva. Roussev regaló una propina virtuosística de sabor eslavo que no logré identificar. Muy bien trazada, más acertada con el ritmo que con el color y quizá no del todo depurada en lo sonoro, la interpretación de Un americano en París, en cualquier caso dicha con manifiesto entusiasmo y gran comunicatividad. Francamente bien primer violín y trompeta en sus decisivos solos. Lo mejor del concierto vino con el Danzón nº 2 del compositor mexicano Arturo Márquez, sencillamente ideal para las maneras de hacer de un Hernández Silva festivo a tope al que su formación vienesa no logra disimular su procedencia: no se puede ser más idiomático ni más entusiasta. ¿Hay ya alguna duda en que, como se asegura por ahí, este señor fue el maestro de Dudamel? La Filarmónica de Málaga le siguió absolutamente rendida a sus pies. De propina ofrecieron la Conga del Fuego de Arturo Márquez –encore favorita de Dudamel–, dicha con las mismas virtudes que la pieza anterior aunque aquí con evidentes excesos de la percusión: deberían calibrar mejor la acústica del Villamarta. El público se desbordó de entusiasmo y todo el mundo se fue contento.

Pablo, la música en Siana

20 de marzo

Buenos imprevistos

Domingo 19 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano "Luis G. Iberni". Lucas Debargue (piano), Gidon Kremer (director artístico y violín), Kremerata Baltica. Obras de Mozart, Schubert y Weinberg. La esperada Martha Argerich, de las pocas grandes del piano que quedaban por visitar las Jornadas de Oviedo que llevan el nombre de nuestro añorado Luis G. Iberni, cancelaba por problemas de salud en esta gira de la Kremerata Baltica, siendo sustituida por el pianista francés Lucas Debargue (23 octubre 1990) con algunas entradas devueltas porque para muchos resultaba pasar de lo mítico a lo futurible, si bien se perdieron una velada donde el piano resultó protagonista incluso cuando no estaba. Los bálticos de Gidon volvían por tercera vez al auditorio donde siempre han dejado buen sabor de boca. Mozart por "la Argerich" es bocatto di cardenale para muchos paladares, pero también debemos saborear otros cocineros para un manjar de plato. Esta vez el Concierto para piano nº 8 "Lützow", en do mayor, K. 246 venía condimentado por una de las mejores orquestas de cámara del momento, la fundada por el violinista Gidon Kremer como inacabable cantera joven de instrumentistas bálticos pero esta vez dirigidos desde el propio piano por Debargue añadiendo ese plus o grado de dificultad aunque la Kremerata Baltica casi funciona sola desde el concertino (con Madara Petērsone en la primera parte y en la segunda Džeraldas Bidva), aunque el francés domina Mozart desde su arranque como figura emergente, tanto sus compañeros, dejándonos entre todos este "Lützow" impecable, con una cuerda camerística más trompas y oboes a pares para aportar la frescura que aún tiene este octavo que no obstante perfila el nuevo lenguaje que tomaría el concierto para solista. Sonoridades perfectas para todos, fraseos claros del francés con un pedal por momentos algo sucio pero sin empañar en ningún momento el resultado del conjunto. Si el Allegro aperto fue marcado desde el piano, el Andante dejó fluir la música para la "camerata" hablando el mismo idioma y mejor aún el Rondeau, Tempo di Menuetto que cerraba la estructura clásica así como la ejecución de un Mozart que Argerich seguramente hubiese elevado a los altares. Y para continuar Schubert y su Fantasía para violín y piano en do mayor, D. 934 con Kremer de solista pero ¡en un arreglo para violín y orquesta! de Victor Kissine (1953), una lástima porque teníamos piano y pianista además del propio Gidon que ejerció de invitado manteniendo magisterio como solista y docente, con sus músicos sonando realmente camerísticos, un quinteto de veintitrés músicos arropando al Maestro y haciendo gala de todas las técnicas de la cuerda frotada, con unos pianissimi imperceptibles y donde los trémolos sonaron increiblemente precisos y empastados. El arreglo como tal no aportó nada a esta hermosa fantasía salvo poder escuchar ese Amati de 1641 aterciopelado y mágico en los dedos y arco del letón, lección magistral para tantos músicos esta tarde entre el público, con la cuerda capaz de rememorar y "variar" el sonido original del piano. Aunque lo mejor volvería a ser su admirado Piazzolla, de nuevo la propina del Oblivion en una versión que por ella sola mereció el concierto, entendiendo al argentino como pocos en un arreglo donde la camerata es seda vistiendo el sueño musical contado por Kremer. Al compositor Mieczyslaw Weinberg (Varsovia, 1919 - Moscú, 1996) del que Shostakovich, profesor, protector y amigo suyo, afirmó era uno de los mejores compositores de su época, Gidon Kremer y sus chicos le han dedicado un disco que nos permite disfrutar de un "desconocido" por estos lares, pues el violinista letón siempre ha creído en los nuevos repertorios apostando por programas poco transitados, y en directo es siempre irrepetibe. Esta vez sí había piano para el Quinteto para piano op. 18 pero en versión con orquesta de cuerda y percusión del propio Kremer más el solista de la Kremerata Andrei Pushkarev, arreglo que sí enriqueció el original de por sí completo. Poder conseguir que veinte músicos suenen como cinco es algo admirable que conlleva trabajo a raudales y con esta juventud báltica todo es posible. Las pinceladas de los timbales, caja o temple-blocks engrandecen cada uno de los cinco movimientos, con reminiscencias de Prokofiev, Gershwin y hasta Brahms tamizadas por un lenguaje actual que tanto la cuerda como el piano se encargaron de elevar a lo casi sinfónico en una delicia interpretativa donde el francés casi ejerce de solista con sonoridades impactantes perfectamente ensambladas con ese quinteto multiplicado: dos contrabajos, cuatro cellos, cuatro violas, y trece violines (7+6) capaces de dinámicas impresionantes y esta vez Lucas Debargue mandando... o tal vez los bálticos disciplinados dejándose llevar. Un acierto de versión la del polaco-ruso antes de dos propinas con Debargue solo al piano: verdadero sabor romántico ruso con Tchaikovsky y el Valse sentimentale, Op. 51 nº 6, y un ragtime de jazz que tanto le gusta al francés, pues esta generación ha crecido con la música sin etiquetas, haciendo "clásico" todo lo que sea anterior a su nacimiento. Esta vez no hubo notas al programa, supongo que los recortes llegan al papel y también a los colaboradores...




Pablo, la música en Siana

12 de febrero

El nuevo desde el viejo

Sábado 11 de febrero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Gil Shaham (violín), St. Louis Symphony, David Robertson (director). Obras de Adams, Korngold y Dvorak. Notas al programa de Alejandro G. Villalibre. La llegada del inculto tuitero Donald Trump está poniendo su slogan "América para los americanos" en el punto de mira, pero que a la vista del programa sabatino del auditorio, entre otras muchas más cosas debería cambiar por "América por los europeos" (lo de pensarlo mejor lo omito), los Estados Unidos país de mestizaje al que la aportación del viejo continente en todos los ámbitos, ha encumbrado a lo más alto (y recordar que más dura será la caída). En el terreno musical hemos vivido un concierto que reflejó perfectamente este personal punto de vista, con su segunda orquesta más antigua interpretando un programa de europeos emigrados a los EEUU sumándole un contemporáneo autóctono y heredero de siglos de tradición europea en el nuevo mundo para abrir boca y reafirmar esa nacionalismo que les honra aunque parezcan desmemoriados con sus orígenes. El director y compositor John Coolidge Adams (Massachusetts, 15 de febrero de 1947) que este miércoles cumple 70 años, confiesa haber crecido en una casa donde Benny Goodman y Mozart convivían, paz y armonía entre lo nuevo y lo viejo que ha llevado a su propia música. The Chairman Dances -foxtrot para orquesta- (1985) conjuga los dos mundos, la herencia europea mezclada con la llamada música "genuina americana" como el jazz, tristemente mestiza por unos orígenes en los esclavos africanos. Nada nuevo y todo en una larga tradición de herencias reinterpretadas, una escena eliminada por el propio Adams del tercer acto de su Nixon in China, ópera "made in USA" por argumento, estilo y orgullo, considerada como la gran ópera estadounidense tras el Porgy and Bess de Gershwin. Y nadie mejor para interpretar estas danzas como esta orquesta pionera en los EEUU con sede en la capital del estado sureño de Missouri (Misuri) desde 1880, raíces francesas hasta en su topónimo, la St. Louis Symphony con su titular David Robertson al frente hasta dentro de otros dos años. Despliegue de formación en gira que finalizaba en Oviedo, para "hablar" el lenguaje propio de Adams, ritmo lógico para unas danzas que juegan con el "ostinato" de la repetición motívica para jugar continuamente con las texturas instrumentales, las dinámicas a menudo por adición y sustracción de instrumentos, y el sonido que los europeos seguimos asociando a las bandas sonoras de tantas películas del otro lado del charco, más programadas y famosas que las propias, varias generaciones adorando una cultura que ha tenido de todo, odios a las campañas bélicas y amores fílmicos, comida basura implantada como la obesidad desde nuestra "dieta mediterránea", sucumbiendo a lo yanqui desde la lucha interior por una herencia que lleva nuestros mismos genes, orquesta envidiable en plantilla (e historia), entendimiento con un director californiano formado en Londres pero buen conocedor del show business que siempre parecen necesitar para sus espectáculos, y la música no escapa a él, gestualidad por momentos exagerada e innecesaria pero que gusta al respetable. Recuerdo programas de mano en el "Lincoln Center" recomendando no comer chicle ni pipas o no marcar el ritmo con el pie ni tararear las melodías conocidas, y la colonización cultural secular nos la han devuelto con todos sus tics, positivos y negativos. Los que somos omnívoros musicales confesos no encontramos nada nuevo a otros contemporáneos de Adams que hace 30 años les llamaban minimalistas o incluso "New Wave" ante la dificultad y casi imperiosa necesidad de poner etiquetas a todo, pero todo un placer cuando una sinfónica como la de St. Louis saca a flote el poder hipnótico de Adams, formación galardonada por alguna otra interpretación del septuagenario compositor y que en este "foxtrot" desplegó todo su potencial con solistas impecables, piano incluido, y esa cuerda sedosa como era de adivinar. Al moravio nacido en Brno Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), judío emigrado y fallecido en Hollywood del que este año celebramos los 60 años de su muerte, me lo descubrió nuestro siempre añorado Pérez de Arteaga, igualmente admirador de John Williams (8 de febrero, 1932), otro heredero del viejo mundo, y como bien cuenta el doctor González Villalibre (experto en música de cine) en sus notas al programa, fue el verdadero creador del sonido con "genuino sabor americano", como la marca de tabaco que entonces se anunciaba incluso en el cine -claro que los tiempos cambian muy rápido-. Curiosidad que el creador de algo tan identitario del cine sonoro americano fuese un emigrante europeo. Gracias a la radio, los discos, las nuevas tecnologías y la globalización imparable a la que ningún "trumposo" podrá poner freno ni muros, la grandiosidad de Korngold permanecerá, sobre todo con Die tote Stadt (La ciudad muerta) que recomiendo a todos los operófilos, y su Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 35 puede ser para algunos como una carta de presentación de su estilo inconfundible, melodías con cuerda aterciopelada, metales épicos, violín solista evocadoramente romántico, percusiones variadas subrayando la acción... Con un virtuoso como Gil Shaham en perfecto entendimiento y complicidad con Robertson, la forma clásica por excelencia de los tres movimientos llevan al nuevo mundo una escritura centenaria con la óptica abierta del compositor para brindarnos una interpretación plenamente cinematográfica más allá de los temas reutilizados por el propio moravio (algo que Bach o Vivaldi también hicieron), tradición y modernidad que el tiempo barniza con más tiempo para un músico admirado por sus contemporáneos, Mahler incluido, y que el horror de la segunda guerra mundial obligó a escapar a la entonces tierra de las libertades. Shaham jugó con su Stradivarius "Countess Polignac" (1699) en un concierto que conoce como pocos, sacándole armónicos y presencias irrepetibles bien arropado por una orquesta con la que se mezclaba o emergía a lo largo de los compases, deleitándonos especialmente en el II. Romanze: Andante con esas pinceladas de celesta, que como con los tiempos extremos rezumó virtuosismo en estado puro siempre al servicio de la música, sobre todo el Finale: Allegro assai vivace deslumbrante y americano hasta la raíz, con Robertson  enmarcando y hasta disfrutando de un mano a mano en "dúo sinfónico" con este concierto. Incluso la propina mantuvo el humor y entendimiento entre todos, un homenaje al virtuoso Kreisler y su Schön Rosmarin con otro virtuoso más una orquesta casi camerística conducida por el californiano como si de un piano sinfónico se tratase. Para unir lo que otros quieren separar, Dvorak y su Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 "Del Nuevo Mundo" resume lo mejor de la cultura occidental en forma y fondo, instalado desde de 1892 a 1895 y estrenándola en el Carnegie Hall de Nueva York (1893), inspiración popular americana por la que sentía verdadera fascinación, pasado por el tamiz academicista europeo de este gran sinfonista bohemio, cuatro movimientos de orquestación sublime para una formación como la de St. Louis que entendió a la perfección de la mano de Robertson la unión musical del mestizaje, jugando con la agógica y la dinámica, dando los protagonismos necesarios sin perdernos nada, dejando disfrutar a sus músicos sabedor de todos los recursos con los que cuenta, tiempos casi al límite de lo indicado en todos los extremos pero con una brillantez y calidad diríamos que europea, todo un halago porque sin entrar en categorías que a menudo viven más de la historia que del presente, sin ser tan reconocida el resultado final fue sobresaliente. Adagio-Allegro molto con un inicio íntimo, toque de trompas y maderas cálidos antes del cambio de tiempo, amplísimo y casi "presto", timbales dominadores con cellos más contrabajos rotundos y carnosos, motivos bien cantados y los acelerando que enriquecen el discurrir junto a los crescendi impresionantes para una formación inmensa además de potente sin perdernos nada de ninguna sección; Largo soberbio en el amplio sentido de la palabra, con una maravillosa solista de corno inglés y en general toda la madera, nuevamente de sonoridades amplias pero contenidas, con una batuta "sujetando"matices y fraseos antes del trepidante Scherzo: Molto vivace-Poco sostenuto, riqueza rítmica, juegos en la madera y la cuerda, timbales rotundos, metales aterciopelados y sobre todo una cuerda rica además de compenetrada para alcanzar equilibrios difíciles ante la tentación que supone la ostentación desde la contención del tempo que seguía elástico sin perder unidad. El Allegro con fuoco acabó de encandilar (perdón por el juego de palabras) a un público que estuvo atento sin toses ni ruidos superfluos, aguantando la respiración ante el empuje de los yanquis en esa recopilación temática que Dvorak agranda como nadie y la sinfónica transmitió en su precisa magnitud, velocidades y matices contrastantes pintando el gran lienzo del nuevo mundo desde la sabiduría del viejo. Excelente versión con David Robertson desplegando todo su amplio repertorio gestual. La propina con la obertura de Candide (Bernstein) quiso dejar claro que también dominan "su repertorio", el que nos han devuelto las generaciones que han bebido de la vieja Europa, el musical cual "zarzuela americana" aunando edades y sabores, pero sobre todo colores, derribando muros desde la Música con mayúscula, atemporal e histórica, siempre viva porque ella misma es vida más allá de modas y modos. Bernstein, judío universal, homosexual casi clandestino, comprometido, comunicador, pedagogo, músico integral, venerado por muchos, único e irrepetible, entendió como nadie que no hay bandos ni etiquetas, solo orillas de un mismo universo todavía sin explorar. David Robertson y la St. Louis Symphony han sido un buen ejemplo de cómo entender la historia, también la musical, y transmitirla a las generaciones venideras, esta vez en Oviedo.

Ya nos queda un día menos

7 de febrero

Insólito: Richter interpreta Gerswin y Saint-Säens

Raro escucharle a Sviatoslav Richter un disco en vivo con toma sonora de muy buena calidad. Más raro aún tener al genial pianista ucraniano interpretando a Gershwin. La singularidad se completa con Eschenbach y la Sinfónica de la Radio de Stuttgart como compañeros de viaje para hacer el Concierto en Fa. ¿Resultados? Más o menos los esperables: una lectura en la que no hay ni rastro de swing, de espíritu jazzístico, de nervio bien entendido, de garra ni de electricidad, pero sí un gusto exquisito, apreciable claridad –los tempi son lentos–, flexibilidad en el fraseo, delectación melódica y una enorme atención a los aspectos más líricos y meditativos de la página, con cuyo regusto amargo el solista sintoniza a la perfección. Así las cosas, lo menos satisfactorio es un tercer movimiento considerablemente flácido –aunque muy bien expuesto–, y lo mejor un Andante con moto en el que, en perfecta comunión con una batuta dispuesta a paladear la música y generar atmósferas, el maestro profundiza en las notas como pocos lo han logrado, elevándose a lo sublime en el pasaje en el que se queda solo y en el final del movimiento. La otra parte de este concierto, que tuvo lugar el 30 de mayo de 1995 y fue recogido por los micrófonos de la SWR para finalmente ser editado por Hännsler, ofrecía una obra que tampoco asociamos al arte del pianista ruso, pese a que lo frecuentó en vivo e incluso circula una grabación temprana de la misma junto a Kondrashin: Concierto para piano nº 5, Egipcio, de Camille Saint-Saëns. Y lo cierto es que la interpreta de manera muy satisfactoria, dejando al lado cualquier tipo de nerviosismo –nada de ver con la rutilante efervescencia de Thibaudet con Nelsons– y fraseando de manera curvilínea y voluptuosa, modelando su toque para aportar una sensualidad típicamente francesa y ofreciendo una concentración, una sensibilidad y un vuelo poético que le alejan de la trivialidad o el mero hedonismo para descubrirnos las bellezas ocultas en esta partitura. Compartiendo el enfoque igualmente íntimo y recogido del solista –pero sin la variedad ni la fuerza expresiva de Nelsons–, Eschenbach hace uso de tempi lentos, dirige con trazo fino y apuesta por el perfume atmosférico y vagamente impresionista –con toques orientalizantes– de una obra que no en balde se escribió en 1896. A destacar el toque de amargor en la conclusión del segundo movimiento; al tercero le falta un punto de chispa y fuelle. Una cosa más: no soy capaz de percibir los presuntos problemas digitales que por esta época, al parecer, mermaban el arte de quien ha sido uno de los más grandes pianistas del siglo X.



Ya nos queda un día menos

30 de enero

Juan Pérez Floristán: maduro a los veintitrés

El jovencísimo pianista hispalense Juan Pérez Floristán se la jugó ayer domingo 29 de enero al todo o nada presentándose en el Teatro de la Maestranza nada menos que con la Sonata en si menor de Liszt. Es decir, una obra con la que no solo tiene que demostrar que posee una técnica de enorme altura, sino que además se encuentra lo suficientemente maduro como para no quedarse en los fuegos artificiales e ir más allá de las notas. El fracaso podía haber sido morrocotudo, pero no: la jugada le ha salido tan bien que se puede afirmar, sin ningún género de duda, que es un pianista perfectamente formado al que hay que ponerle el listón en lo más alto. Porque demostró sobradamente satisfacer las dos demandas arriba referidas. Por un lado, Pérez Floristán tocó la imposible partitura con una destreza admirable. No es su limpieza digital tan extrema como la de un Zimerman o un Pollini, ni su agilidad la de una Argerich –hubo algún pasaje un pelín trabajoso–, ni su capacidad para desplegar colores la de un Pogorelich, ni la densidad de su sonido tan claramente lisztiana como la de Barenboim (véase discografía comparada); pero el sevillano demostró no solo ser capaz de dar las todas las notas, cosa que parece un milagro para su edad, sino también dominar a la perfección las dinámicas, trabajar el sonido con plasticidad, resultar apabullante sin hacerlo a través del mero despliegue de potencia sonora, sino planificando con inteligencia las tensiones, y descender a texturas tan hermosas como delicadas. Posee además una poderosísima concentración que ni siquiera fueron capaces de romper las muy maleducadas toses que torpedearon los pasajes más íntimos de la partitura. Por otro lado, y esto me parece muchísimo más importante, este chico demostró una musicalidad de primer orden. No hubo en su recreación ninguna frase mecánica. Ni una sola. El fraseo, holgado y natural, de tempi más bien reposados –treinta y un minutos–, estuvo dotado de sentido incluso en las secciones más rápidas y claramente virtuosísticas. De hecho, no hizo nuestro artista la menor concesión al efectismo. Nada de carreritas de cara a la galería ni de grandes efectos teatrales. Todo estuvo presidido por la lógica, la sinceridad y la sintonía entre la forma y la expresión, siempre desde un punto de vista que me recordó un tanto al lirismo humanista de un Claudio Arrau. En este sentido, Pérez Floristán podrá enriquecer en el futuro su acercamiento a la genial página lisztiana atendiendo más a la atmósfera enrarecida de la partitura, como también a la reflexión filosófica que las notas proponen. También podrá subrayar con mayor incisividad y fuego infernal los aspectos mefistofélicos de la página. Añadir acentos y aportar ideas propias. Pero tendrá muy difícil llegar más lejos en lo que a cantabilidad, pasión amorosa y vuelo poético se refiere: en la sección lírica comprendida aproximadamente entre los minutos diez y quince alcanzó, merced al mágico legato del que ya hablé al referirme al recital que le pude escuchar en Úbeda el pasado mes de mayo, unas cotas de inspiración de primerísimo orden. Hubo más en el concierto. Mucho más. Los cuatro Preludios de Debussy me parecieron de referencia, aunque en lugar de optar por el distanciamiento un tanto estático, esencial y lleno de misterio al que estamos acostumbrados, el joven sevillano optó por marcar contrastes y subrayar emociones: incisiva y tremendamente racial La Puerta del vino, sensual Canope, caricaturesco y hasta gamberro General Lavine, impetuoso el Viento del Oeste. Pero lo hizo con sensibilidad, con belleza sonora y con enorme sensibilidad a la hora de aportar matices. Tremenda la Sonata de Bartók, en la que hizo gala de un sonido muy adecuado –poderoso y percutivo ma non troppo–, desplegó un sabor folclórico y una rusticidad impresionantes y nos atrapó en todo momento con un sentido del ritmo al que era difícil resistirse; pero fue capaz también de capturar ese inquietante espíritu nocturnal típico de Bartók que posee el movimiento central. Al mismo nivel los tres Preludios de Gershwin, dichos con una mezcla de elegancia, sensualidad y sentido del swing insuperables, pero sin el exceso de nervio en el que caen los pianistas provenientes del jazz al abordar este repertorio. Cerrando el programa oficial, las Danzas argentinas de Ginastera le permitieron hacer una exhibición de ritmo, de color, de frescura y de fuerza expresiva. Dos propinas. La primera fue una impectante pieza fúnebre del norteamericano Henry Cowell denominada The Tides of Manaunaun. La segunda, una bulería del jerezano Gerardo Nuñez, le permitió homenajear al flamenco que tanto le entusiasma –no se olvide que su padre, el director Juan Luis Pérez, es de Jerez– y realizar una exhibición de dedos de esas que levantan al público del asiento. Y lo consiguió, aunque para convencernos de su excepcional talento no hacía falta semejante exhibición: en el resto del concierto había dejado perfectamente claro que, además de un virtuoso, es un artista hecho y derecho que se encuentra ya por completo adentrado en una primera y admirable madurez. A sus veintitrés años. PD: La fotografía la he robado del Facebook del Maestranza.

Ópera Perú

24 de enero

OSN en ambiciosa temporada 2017

GTN(Ópera Perú) La Orquesta Sinfónica Nacional, como todos los años desde que inició su etapa en el Gran Teatro Nacional bajo la dirección de Fernando Valcárcel, nos ofrece una ambiciosa temporada que combina a una serie de artistas y solistas de talla mundial que presentarán programas muy variados, en que predominan obras nuevas, de compositores nacionales, así como ambiciosas partituras universales.La temporada, lista de solistas y obras han sido publicadas y este temporada no tiene nada que envidiarle a las anteriores. Luego del Concierto Inaugural que tendrá dos fechas el 10 y 12 de febrero, y en el que se invitarán artistas populares como Lucy Avilés, Edith Ramos y el grupo Bareto, la temporada ofrece a una constelación de estrellas nacionales e internacionales.Entre los conciertos mas destacados está la visita nuevamente a Lima del gran compositor polaco Krzysztof Penderecki, quizá el compositor vivo mas grande del mundo, quien vuelve para dirigir sus propias obras corales. También destaca la visita del director compositor José Serebrier, famoso en el mundo por sus cientos de grabaciones y arreglos de obras clásicas, entre ellas obras de Wagner, Bach, y un arreglo propio de los "Cuadros de una exposición" de Mussorgsky.El legendario violinista Shlomo Mintz vuelve para el concierto final de temporada, en que interpretará piezas de Bartók. Jorge Mester, Isaac Karabtchevsky y Christoph Poppen son dos grandes nombres que estarán frente a la OSN. Entre los solistas destacan los violinistas Francesca Dego y Carlos Johnson, el pianista Pascal Rogé, la chelista Wendy Warner, entre otros talentos locales.Los conciertos serán todos en el Gran Teatro Nacional. La orquesta durante el año también participará en las temporadas de Ballet, Ópera y conciertos descentralizados.Conozcamos el programa completo que ofrece la OSN para este año: PROGRAMA I Carnavales y festividades peruanas Viernes 10 de febrero │ 8:00 p.m. Domingo 12 de febrero │ 5:30 p.m.Director: Fernando Valcárcel (Perú) Solistas: Lucy Avilés, Edith Ramos y Bareto (Perú) Participación del Coro Nacional de NiñosDVOŘÁK Obertura Carnaval Edgar VALCÁRCEL Sinfonía Laureano MARTÍNEZ (orq. Edgar Valcárcel) Cholita, polka Lucy Avilés interpreta canciones de Abelardo Núñez y Óscar Avilés Rosendo HUIRSE / Jorge HUIRSE Balsero del Titicaca Festividad de la Virgen de la Candelaria: Edith Ramos interpreta huaynos y sikuris Cuatro cantos amazónicos, en arreglos de Sadiel Cuentas Fiesta de San Juan: Bareto interpreta La distancia y un popurrí de Juaneco y su ComboPROGRAMA II Historias fantásticas Viernes 24 de febrero │ 8:00 p.m.Director: Matteo Pagliari (Italia)GLINKA Obertura de Ruslán y Liudmila CASELLA Pupazzetti (estreno en Perú) DUKAS El aprendiz de brujo SCHUMANN Sinfonía n° 2PROGRAMA III Primera y Segunda Escuelas de Viena Viernes 3 de marzo │ 8:00 p.m.Director y pianista: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Carlos Johnson, violín (Perú-Alemania)WEBERN Variaciones para piano MOZART Sinfonía n° 40 Edgar VALCÁRCEL Flor de sancayo II, para piano y sonidos electrónicos BERG Concierto para violínPROGRAMA IV Paisajes andinos. Conexiones con Edgar Valcárcel: mentores y descendencia Viernes 24 de marzo │ 8:00 p.m. Concierto dedicado al Festival Internacional Música de AlturasDirector: Jorge Mester (Hungría-México) Solista: Federico Tarazona, charango (Perú-Canadá)GINASTERA Ollantay (estreno en Perú) Federico TARAZONA Concierto para charango n° 1 “Tres paisajes andinos” BRAHMS (orq. José Carlos Campos) Intermezzo op. 118 n° 2 (estreno mundial) COPLAND Suite de Primavera apalachePROGRAMA V Poppen interpreta a Bruckner Viernes 7 de abril │ 8:00 p.m.Director: Christoph Poppen (Alemania)BRUCKNER Sinfonía n° 4PROGRAMA VI Una sinfonía trágica y una serenata Viernes 28 de abril │ 8:00 p.m.Director: Maximiano Valdés (Chile) Solista: Francesca Dego, violín (Italia)Luigi DALLAPICCOLA Piccola musica notturna (estreno en Perú) BRAHMS Concierto para violín DVOŘÁK Sinfonía n° 7PROGRAMA VII Serebrier interpreta a Serebrier Viernes 19 de mayo │ 8:00 p.m.Director: José Serebrier (Uruguay – EE.UU.)José SEREBRIER Winterreise (estreno en Perú) HAYDN Sinfonía n° 49 “La passione” SHOSTAKÓVICH Suite de El moscardón (estreno en Perú)PROGRAMA VIII Maestros alemanes Viernes 2 de junio │ 8:00 p.m.Director: David del Pino (Perú-Chile) Solista: Eduardo Ríos, violín (Perú)BRUCH Concierto para violín n° 1 R. STRAUSS Don Juan WAGNER Obertura de TannhäuserPROGRAMA IX Sinfonía heroica Viernes 23 de junio │ 8:00 p.m.Directora: Carmen Moral (Perú - Francia)Armando SÁNCHEZ MÁLAGA Allegro, para orquesta TCHAIKOVSKY Obertura 1812 BEETHOVEN Sinfonía n° 3 “Heroica” PROGRAMA X Aniversarios Viernes 14 de julio │ 8:00 p.m.Director: Roberto Beltrán (México)GERSHWIN Obertura de Girl Crazy HONEGGER Pastoral de verano Luis HERRERA DE LA FUENTE Fronteras (estreno en Perú) Armando GUEVARA OCHOA Danza criolla RAVEL Valses nobles y sentimentales GRANADOS Tres danzas españolasPROGRAMA XI Una obra maestra: Alexander Nevsky Viernes 21 de julio │ 8:00 p.m.Director: David del Pino (Perú-Chile) Solistas: Clelia Mertens, arpa (Argentina); Paloma Chávez, flauta (Perú); Josefina Brivio, mezzosoprano (Perú) Participación del Coro NacionalMOZART Concierto para flauta y arpa PROKÓFIEV Cantata Alexander NevskyPROGRAMA XII Sibelius Viernes 11 de agosto│ 8:00 p.m.Director: Germán Gutiérrez (Colombia)SIBELIUS Valse triste Juan ARROYO De lo infinito (estreno mundial) SIBELIUS Sinfonía n° 2PROGRAMA XIII Salomé Viernes 25 de agosto │ 8:00 p.m.Director: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano (España)R. STRAUSS Selecciones de Salomé (estreno en Perú)PROGRAMA XIV Festival Edgar Valcárcel. Cuadros fantásticos andinos Viernes 1 de septiembre │ 8:00 p.m.Director: Fernando Valcárcel (Perú) Solistas: Wendy Warner, chelo (Estados Unidos); Ximena Agurto, soprano (Perú)Edgar VALCÁRCEL Homenaje a Duparc DUPARC Cinco melodías (estreno en Perú) FAURÉ Elegía Edgar VALCÁRCEL Concierto para chelo José Carlos CAMPOS Cuadros fantásticos andinos (2da. versión) (estreno mundial)PROGRAMA XV Penderecki interpreta a Penderecki Viernes 22 de septiembre │ 8:00 p.m.Director: Krzysztof Penderecki (Polonia) Participación del Coro NacionalObras de Krzysztof PendereckiPROGRAMA XVI Festival Edgar Valcárcel: Antimemorias. Brahms, Pascal Rogé y Ravel Viernes 6 de octubre │ 8:00 p.m.Director: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Pascal Rogé, piano (Francia)Edgar VALCÁRCEL Antimemorias II (estreno en Perú) RAVEL Concierto para piano en sol mayor BRAHMS Sinfonía n° 4PROGRAMA XVII Nostalgia y naturaleza: Villa-Lobos y Dvořák Viernes 20 de octubre│ 8:00 p.m.Director: Isaac Karabtchevsky (Brasil)BEETHOVEN Obertura Egmont VILLA-LOBOS Bachianas brasileiras n° 4 DVOŘÁK Sinfonía n° 8PROGRAMA XVIII Final de Temporada con Shlomo Mintz Viernes 27 de octubre │ 8:00 p.m. Concierto por el 79° aniversario de la OSNPDirector: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Shlomo Mintz, violín (Israel)Edgar VALCÁRCEL Homenaje a Stravinsky BARTÓK Concierto para violín n° 2 BARTÓK Concierto para orquesta*Programa sujeto a cambios.

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